La frase suena lógica, gira por WhatsApp y la repiten vecinos en el ascensor. Un ingeniero industrial nos abrió sus notas de campo, con datos y ejemplos reales, para saber cuánto dinero se va por la ventana cuando el termostato no descansa.
Era un martes frío, de esos que apagan la calle antes de las seis. Un radiador vibraba con un zumbido mínimo en el pasillo, el termostato marcaba 21 °C fijos, y en la cocina alguien miraba el contador digital como quien mira una báscula tras las fiestas: a medias entre la culpa y la resignación. *La factura de enero había llegado como un jarro de agua fría.* El ingeniero deslizó un cuaderno con gráficos de colores, curvas que subían con la tarde y caían de golpe al amanecer. Su dedo tocó la línea más gruesa, esa que parecía una autopista sin peajes, y soltó una cifra que heló la sala. El reloj no miente.
¿Encendida todo el día o por franjas? El dato que cambia la conversación
La idea central del ingeniero es simple y algo cruda: pagas por cada grado de diferencia entre tu casa y la calle, multiplicado por el tiempo. Mantener 21 °C cuando afuera hay 9 °C no cuesta “encender”, cuesta sostener un desfase constante hora tras hora. **No, no sale más barato dejarla siempre encendida.** Si el edificio retiene bien el calor, pierdes menos, sí; si es una colmena mal aislada, el dinero escapa por las juntas, las cajas de persiana y las fachadas como si fuera vapor.
Ejemplo con números redondos para un piso medio de 90 m² en clima templado-frío: con radiadores y caldera de gas, un uso por franjas (19–21 °C de 7 a 9 h y de 18 a 23 h; 17 °C el resto) puede rondar 8–12 kWh térmicos al día. Dejar 21 °C las 24 horas eleva el consumo fácilmente un 25–35 % en esa vivienda. A precio final de gas entre 0,07 y 0,10 €/kWh útil, son 0,6–1,2 € más por día, 18–36 € más al mes frío. Cambia el equipo por bomba de calor eléctrica con COP 3 y luz a 0,20–0,25 €/kWh: el coste por kWh útil baja, la lógica no.
La explicación técnica no tiene misterio raro: la envolvente (muros, ventanas, suelos) pierde calor según el famoso “delta T”: a mayor diferencia con el exterior, más watios huyendo por cada minuto que pasa. Mantener una meseta alta 24/7 aumenta la integral de pérdidas, no la reduce. Hay inercia térmica en paredes y suelos, claro, pero no es un “banco” que acumula y luego regala calor sin coste. Lo que sí funciona es recortar ese delta T en horas de ausencia o sueño, y planificar el “arranque” un poco antes de volver. Energía que no se fuga, euro que no pagas.
Lo práctico: cómo calentar sin tirar el dinero
El método más rentable suena casi aburrido y, aun así, es oro: programar el termostato por franjas. Objetivo sencillo: 19–21 °C cuando estás, 16–17 °C al dormir o si ausencias de más de 4 horas. Activa la precarga 30–60 minutos antes de llegar, según tu sistema (radiante tarda más, radiadores menos). **Un grado menos en consigna suele ahorrar entre un 5 % y un 7 % de energía.** En equipos con modulación, prioriza funcionamiento estable; en on/off, evita ciclos cortos y deja margen de histéresis de 0,5–1 °C.
Errores típicos que todos repetimos: abrir ventanas de par en par con la calefacción encendida, tapar radiadores con ropa, cerrar media casa “para ahorrar” y forzar el resto de circuitos, o creer que 23 °C “calientan antes” que 20 °C. No calientan antes, solo suben el techo y disparan pérdidas. Todos hemos vivido ese momento en que llegas tiritando y subes la rueda a tope por impulso. Seamos honestos: nadie hace eso todos los días. La mente pide calor inmediato; la factura llega después con cara de realidad.
El ingeniero lo resume con una frase que pincha el mito y se queda pegada.
“El calor no se guarda por magia: se escapa a la misma velocidad que lo empuja la diferencia con la calle.”
- Baja 1–2 °C cuando no estás; sube con antelación, no con prisa.
- Burletes en puertas y cajas de persiana: baratos, eficaces.
- Cortinas nocturnas y sol diurno: la ventana es tu interruptor solar.
- Purgar radiadores al inicio de temporada y revisar presión.
- Si hay bomba de calor, modo eco y ventilador bajo sostenido.
¿Cuánto pierdes realmente? Cuentas claras sin letra pequeña
Hagamos una cuenta “a lo bar” con escenario conservador. Piso de 80–90 m² en ciudad interior, aislamiento medio, caldera a gas. Escenario A, por franjas: 9 horas calientes + 15 horas a 17 °C. Consumo medio 10 kWh térmicos/día en enero. Escenario B, 21 °C constante: 13 kWh/día. Esa diferencia de 3 kWh/día son 0,21–0,30 € diarios perdidos si tu coste útil ronda 0,07–0,10 €/kWh, unos 6–9 € al mes. En climas más fríos o casas con fugas, la brecha puede escalar a 20–40 € mensuales. En temporada completa, la diferencia se siente de verdad.
Con bomba de calor eficiente, los euros por kWh útil caen, aunque la lógica “delta T x tiempo” manda igual. Si tu COP medio es 3, pagarás quizá 0,07–0,09 € por kWh útil con la luz actual. El ahorro porcentual por programar sigue similar, y la comodidad sube porque el aire se mueve y estabiliza. Ojo con suelos radiantes: su inercia es alta y pide ajustes suaves, no diente de sierra. Bajar a 17 °C por la noche y prever el arranque dos horas antes suele dar un balance fino entre confort y gasto.
¿Hay casos raros donde conviene dejarla fija? Pocos. Edificios muy bien aislados con ventilación controlada, viviendas con riesgo de condensación por humedad alta, o calderas antiguas sin modulación que ciclan mal. Incluso ahí, el ahorro al recortar 1 °C en ausencias suele ser tangible. Ajusta sin miedo durante una semana y mira tu contador. Tu contador no discute.
Lo que te quedas pensando al bajar el termostato
La calefacción no es una guerra de pulsadores, es una negociación con el tiempo y la casa. Cuando te llevas la discusión a números, aparece un paisaje menos épico y más claro: grados, horas, fugas, y hábitos que no duelen. El mito de “dejarla encendida para que cueste menos” se mantiene porque suena cómodo. La realidad es que tu hogar no es un termo, y la calle siempre cobra su peaje con intereses.
Quizá hoy pruebes a programar dos franjas limpias y un recorte discreto de noche. Mañana, un burlete y una cortina que caiga bien. No es heroico, es cotidiano, casi invisible. Y si te apetece jugar, anota un antes y un después con fotos del contador. A veces, lo más convincente no es lo que dice un ingeniero, sino lo que te dice tu propia pared cuando ya no suda calor por las rendijas.
| Punto clave | Detalle | Intéres para el lector |
|---|---|---|
| Mito vs realidad | Dejar 21 °C todo el día aumenta la integral de pérdidas | Entender por qué la factura sube sin misterio |
| Ajuste práctico | Programar franjas (19–21 °C presencia, 16–17 °C noche) | Ahorro del 10–25 % con confort estable |
| Regla de oro | 1 °C menos ahorra 5–7 % de energía | Acción simple con impacto directo en euros |
FAQ :
- ¿Dejar la calefacción encendida todo el día consume menos?No. Salvo casos muy específicos, incrementa las pérdidas por mantener el delta T constante más horas.
- ¿Cuál es la temperatura ideal en casa?Entre 19 y 21 °C en uso diurno; 16–17 °C de noche si no hay personas vulnerables.
- ¿Cuánto ahorro por bajar 1 °C el termostato?Entre un 5 % y un 7 % del consumo de calefacción, según aislamiento y sistema.
- ¿Apago del todo si me ausento dos días?Sí en la mayoría de viviendas; deja 14–16 °C si hay riesgo de condensación o heladas.
- ¿Radiadores o bomba de calor: qué gasta menos?Una bomba de calor eficiente suele dar kWh útil más barato; la programación por franjas sigue siendo clave.










¿Seguro que programar a 17 °C por la noche no dispara la humedad/condensación en dormitorios? En mi piso (años 70, ventanas dobles mal selladas) he visto moho si bajo de 18. Algún truco además de burletes y ventilaión cruzada? ¿Deshumidificador con temporizador o basta con ventilar 10 min por la mañana?
Brutal cómo explicas lo del delta T x tiempo. Pensaba que dejar a 21 °C era “comodidad barata”, pero mi casa NO es un termo, jajaja. Hoy mismo programo franjas y bajo 1 °C. Gracias por aterrizar los números 🙂